El poema como tal

El poema (como tal)

no trae a nadie de vuelta.

No libera a las cucarachas de las sillas eléctricas,

Ni sirve de escudo para las flores que sienten frío

El poema, como tal

No es un insecticida que te aleja a la muerte,

Ni una muerte que te aleja del polvo

El poema es una manzana dulcísima por fuera

y podrida por dentro…

Un Huracán con piernas de balletista

y una diadema que al desabrocharse,

libera todos los pesares del mundo.

 

El poema… como tal

Sos vos,

Tus palabras

Tu ”No deberías escribir”.

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Carta para mi yo de mañana

Querida Valeria de veinte años,

Basta ya de quejarte porque tu país no funciona, tenés dos manos, dos pies y un corazón inmenso, ¡sé vos la que da el primer paso! Dejá de llorar, que esa energía radioactiva que tus ojos producen al llorar se gaste en esforzar la mirada a localizar cómo tu lápiz verde escribe en tu cuadernillo. Dejá también de pensar que para poder ser ”alguien” o grande tenés que desarrollar tu carrera artística en otro país. ¡Vos sos tu país y naciste para cobijar con versos las mentes desoladas de todos esos niños hechos de barro! Dejá de pensar tanto en ir a fiestas y a hoteles caros, vos naciste para estar contando cuentos en los lugares más recónditos del país y del mundo. Vos naciste para ver cómo los ojos de un joven se hinchan al escuchar por primera vez un verso de Sabines, para salir de la oficina y ver que afuera los jóvenes de tu escuela están recitando los cuentos de Wilde mientras caminan en los pasillos.

Querida Valeria de veinte años: no dejes que nadie te diga que escribir es un hobbie. No lo es. Que terminés tu carrera universitaria y luego te concentrés en escribir ¿ellos qué saben si nunca se han mordido los labios y visto el cielo al finalizar la última palabra de un libro? No te confiés de la gente que te diga que si querés ser artista te vayas del país: ellos no saben lo que vos sentís cuando terminás de impartir un taller de poesía y te das cuenta de que todos son diferentes de cómo vinieron.

No llevés la vida tan planificada, dejate llevar de vez en cuando. Si un libro no te toca el cuerpo como ladrillo o pétalo de sol cerrálo y empezá uno nuevo. Si querés bailar en un supermercado porque ponen la canción que te gusta hacelo, no vas a ir a la cárcel por eso. Si tu mejor amigo te propone un viaje y sólo tenés poca plata andante: ese podría ser el mejor viaje de tu vida.

Sobre todo, nunca le negués una sonrisa o un consejo a alguien: todos tenemos una historia que merece ser escuchada. Nunca te olvidés de tus superhéroes: La Nona, Don Bosco, Harry Potter, Mafalda. Nunca… y quiero ser insistente en esto: nunca te olvides de cuando Nona te miraba a los ojos y te decía: ”Vos vas a ser lo que querás ser”. Así mismo no olvidés ese montón de momentos que fueron clavos en tu columna vertebral pero que ahora son ramas de colores otoñales que te salen por la espalda cuando estás desnuda frente a un espejo. Vos sos fuerte. Vos sos Valeria.

-Vale de diecinueve

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Foto por: Nora Espinal

La primera vez

La primera vez que me tomaste la mano pusiste mis dedos sobre tu corazón. De niña pensaba que sólo los zurdos tenían el corazón del lado izquierdo, los derechos (o sea todos nosotros) nos teníamos que conformar con un corazón burdo incrustado en nuestro pulmón derecho. Luego me contaste que de niño un día encontraste una flor blanca al fondo de un precipicio y que estaba tan lejos que te pusiste triste. Mamá te tomó entre brazos y te dijo que cuando las flores se arrancan pierden todos sus colores, que era mejor dejarla ahí para que el sol le lamiera los pétalos con su miel de medio día. Lloraste tanto por la flor que sentiste que por primera vez el corazón se te rompía, y pusiste tu mano en el pecho para que si salía volando algún pedazo pudieras pegarlo con alguno de los ungüentos mágicos que preparaba tu abuela. Pero no se rompió, y pensaste que el corazón nunca se te iba a mover de lugar. Por eso fue extraño ¿no? ver que cuando me reía por primera vez frente a vos te tocaras el corazón asustado pensando que si seguía latiendo tan rápido se te iba a salir, -y esta vez no sólo un pedacito- si no completo.

-Valeria Cobos

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Foto por: Fernando Amaya

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Te contaré la historia que tu madre nunca te contó:

Un arpista arrugó una cuerda y así creó el lunar de tu nariz

Tu segundo lunar fue un poema de Baudelaire que se tragó y escupió una mariposa

La misma mariposa se masturbó en una mancha de pintura en donde nacieron seis de los lunares de tu pie izquierdo.

En algún pergamino se escribió un poema de amor que al ser quemado repartió en tu vientre treinta y nueve lunares.

Alguien dijo: ‘’Perdónalos porque no saben lo que hacen’’ mientras le clavaban tres de los que serían tus lunares en su cuerpo desnudo

Las siete lágrimas que lloró la prostituta se difuminaron en el lodo y se te dibujaron a vos en el cuello

El lunar en el dedo te lo escribí yo, cuando por primera vez me abrazaste el rostro con las manos

Cuatro se evaporaron del café que dejaste inconcluso de tanto llorar a-Diós.

Tres salieron de tus labios cuando por primera vez dijiste ‘’no es justo’’.

Cinco los escribió Kachapturian cuando decidió exprimir su infancia en un pentagrama

Cinco más saltaron de tu violín cuando recuperaste esa infancia desde tus cuerdas

Uno lo dibujaste vos mismo, cuando te diste cuenta que los árboles tenían cicatrices

Veinte se cayeron cuando dejaste de frecuentarlo porque querías estar solo

Uno te entró por el oído cuando escuchaste por primera vez el respiro de tu hermano

Cuatro te cicatrizaron en la pierna cuando sangrabas pero sabías que tenías que levantarte

Uno -y no el último- te lo pintaré con los labios hoy antes de ir a dormir.

 

Valeria Cobos Ayón

Pienso en Poesía

Pienso en poesía y pienso en tus manos

En tus labios hechos de plumas de fénix,

”POESÍA” digo.

Y no sé si se te descalzás o si son tus pies los que te descalzan

Me perdés en tu aliento

Dominó de sabores

En tu lengua que está hecha de helio,

En tu sangre que pesa de la tierra al cielo,

Del cielo a mi. 

”Poesía” digo.

Es hora de dormir. 

-Valeria Cobos

DSC_9888Foto por: Fernando Amaya

Pasado, futuro y presente.

Oigo. Oigo pájaros nadando por las ramas del árbol de al lado. Sus soniditos dulces sin lógica se meten por debajo de mi sábana. Me rodean el cuerpo. Me ponen tibia. Hace un par de años no visualizaba las aves como criaturas no pensantes, si no como una variación biológica  de instrumentos musicales. No pensaba en su falta de razón si no en su exceso de sinfonía. El dolor en su canto se metía de niña por mis trenzas hasta que a mi también me dolía. Recuerdo perseguirlos y encerrarlos en una jaula para hallar la parte de sus cuerpecitos de la cual provenía el sonido. Quería construir una cajita que al ser tocada emitiera el sonido más hermoso del mundo. De grande soñaba con ser una coleccionista de pajaritos musicales.
Oigo. Oigo pájaros nadando por las ramas del árbol de al lado. Sus soniditos dulces sin lógica se meten por debajo de mi sábana. Me rodean el cuerpo. Me ponen tibia. Bostezo. Tomo la programación del evento de hoy de la mesa de noche. Leo mi nombre debajo del título DIRECTOR DE ORQUESTA.

Poema para morder la almohada

 

De pronto soy lo que tu lengua decide,

Mi vientre es un cometa,

Que vas dirigiendo con tus manos

Mis manos se vuelven pulpos

Que luchan con las tuyas

Y nos llenamos de tinta

De hambre

De núcleos

De un sudor frío como las piernas de las nubes

De un silencio tibio como café olvidado

Ahí es cuando explotás en mi ombligo

Y mi pecho se vuelve tu hemisferio norte

Donde mis senos son islas con urgencia de vida

-Valeria Cobos

sensualidad

Carta para una amiga triste

¡Oh mi pequeña Vale! dime ¿qué pasa? Tus ojos han perdido su brillo, te vez frágil. Mi pequeña quisiera sacarte ese demonio que te está desvaneciendo, que te está comiendo, qué te está matando. Quisiera que te quedaras dormida en mis piernas y luego despertarte con un beso y decirte que solo era una pesadilla, pero no puedo mentirte, es real. Tu alma está muriendo y no puedo hacer nada más que acompañarte y aconsejarte, porque vos sos la única que puede terminar con esto, quisiera gritarle a Dios que mande un arco iris, para que viajes a través de él al otro lado del mundo, pero no ha llovido, quisiera acabar con tu soledad, con tu tristeza, pero te amo y eso sería egoísta de mi parte ¿por qué? Porque de lo contrario serías fragil toda tu vida, no descubrirías lo genial que es ser Valeria Cobos, porque si lo es ¿o qué?  Mi pequeña: llora todo lo que quiera, llora que no es malo, toma mi pecho como almohada y quedate dormida si quieres, que esto es solo un capítulo de tu vida. Mi pequeña, cómo explicarte que no estás sola, simplemente tu alma está en coma, agoniza, no reacciona, no muestra signos vitales, pero sigue viva y tenés que encontrar el camino para guiarla de nuevo a la vida y cuando no sepas qué es vivir, con tu mano localiza tu corazón, que en cada palpitar desde el otro lado te estaré gritando que te amo y mientras exista el amor, hay vida.¿Te digo un secreto?Mientras los seres humanos existan, habrá amor y una larga vida por vivir. Sigue Vale, que aún falta mucho por vivir.

Atentamente,

Una persona que te ama

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Al señor del lápiz negro

Me encanta la manera en la que sostiene su lápiz señor, como si pretendiese liberar toda la incertidumbre de las nubes, como si con sus manos pudiera construir viviendas dignas para todos nuestros sueños olvidados. Y la manera en la que arquea esa sonrisa, como dos continentes que se vuelven Pangea. Yo señor, ya olvidé lo que se siente escribir, alguien me dijo que de qué servía construirnos alas si el cielo es un lugar con tan poco oxígeno. Sí señor, a nosotros los niños nos cortaron las alas con sus pestañas sentenciosas, y ahora tomamos el lápiz solamente cuando los adultos no parpadean. Ojalá señor, a mi no me enamoraran los lápices, ojalá me enamoraran las billeteras gruesas y las copas de vino que rebalsan intereses creados. Ojalá señor, que no sintiera una leve desviación hacia los terremotos, como usted. Todo sería más fácil. Me vería en el espejo y sacaría el pecho en vez de bajar la mirada como con pena de mí misma.

Lo envidio mucho, señor. Usted todavía sostiene un lápiz para sentirse libre. Usted todavía cree en los milagros. A usted todavía no le han arrancado los sueños con los párpados. Lamento decirle que en el futuro, alguien se encargará de pensar por usted, de decidir por usted, de meterle a la fuerza sueños que no son suyos y engañarle diciéndole que lo son.

Pero mientras tanto, apreté el lápiz con fuerza, que yo apretaré las piernas con más.

Cambie vidas mientras pueda, enséñele a los niños a soplar flores, enamórese como loco, piérdase, deslícese en todas las montañas y píntese la cara con lodo y carmesí.

Cambie vidas mientras pueda, antes de que algún imbécil le cambie la suya para mal.

Mientras tanto siga apretando ese lápiz, siga inhalando en la máscara de ese mundo habitable que predica.

-Valeria Cobos

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Foto por: Guillermo Cárcamo