Que me llames a las 3 de la mañana y me digas ”Te extraño” Ese es mi sueño.

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Si vas a hablar, por favor, di lo que realmente quieres decir, no lo que yo quiero escuchar.

 Si vas a amarme, que sea pronto… Antes que sea demasiado tarde.

 Si vas a romper mi corazón, rómpelo de un solo y rápido, no poco a poco.

Si te voy a importar, cuida de mí incondicionalmente, aún cuando te diga ”Quiero estar sola”, abrázame.

 Si decides no sostenerme en tu vida, solo déjame caer para siempre, pero ya deja de ponerme en esta soga tan delgada en la que nosé ni que pensar.

 Si te vas a quedar, quédate para siempre, que tus promesas no solo se queden en palabras.

 Si me quieres dejar, dejame hoy, no esperes el momento preciso porque no existe.

Si vas a cambiar, que no sea tu modo tan lindo de hacerme sentir importante y amada.

Sueño de nuevo

Una noche aprendí a amarte menos…

El atardecer se desarrolló y pasó normal, leí, estuve con mis amigos, tomamos unos cuantos tragos, y tu cara no se me cruzó por la mente ni por un segundo… ¿Parecía irreal sabes? Una noche sin que tu recuerdo cambiara todo mi modo de ver mi entorno. Cuando mis amigos se fueron me quedé sola y me acosté en mi cama, el cansancio me mataba, tardé como 30 segundos en caer profundamente dormida. En mi sueño abría la puerta y estabas afuera de ella con tu sonrisa, la más linda que jamás haya visto. Yo estaba confundida, pensé que eras un fantasma, pero me abrazaste y yo te besé tus mejillas como nunca antes… No me esperaba un beso en los labios, pero me lo diste y como siempre me dejaste sin aliento. Me besaste tantas veces que parecía no acabar. Sentí esos besos tan reales que puedo jurar que estabas conmigo… ”Quisiera poder retrodecer el tiempo”, la típica frase de la adolescente arrepentida y melancólica, pues si… que puedo decir… Lo soy y lo acepto. QUISIERA RETROCEDER EL TIEMPO, para besarte sin límite de tiempo, sin límite de besos y con el pensamiento de que tus labios me pertenecen. Pero No. No es así, y al levantarme hoy en la mañana luego de soñar eso, lloré, lloré porque necesito aprender a dejarte ir y no encuentro los medios físicos ni espirituales para hacerlo. Yo te quiero conmigo, de mi mano por siempre. Y Dios no responde mi pregunta todavía… ¿Qué es lo mejor?…

Así

Existen dos tipos de oración.

La primera es aquella en la que se pide que determinadas cosas sucedan, intentando decir a Dios lo que debe hacer. No se concede ni tiempo ni espacio para que el Creador actúe. Dios -que sabe muy bien lo que es mejor para cada uno- continuará actuando como Le convenga. Y el que reza queda con la sensación de no haber sido escuchado.

El segundo tipo de rezo es aquel en que, incluso sin comprender los caminos del Altísimo, el hombre deja que se cumplan en su vida los designios del Creador. Pide que se le evite el sufrimiento, pide alegría para el Buen Combate, pero no olvida decir a cada momento <<Hágase Tu Voluntad>>.     El guerrero de la luz reza de esta segunda manera.

-Paulo Coelho. Manual del Guerrero de la luz, página 144.

¿Curioso no? Como palabras así pueden caernos como brisa en el día más inesperado, cuando más las necesitamos.

Ahora lo entiendo… los guerreros de la luz siempre van a seguir un sueño. Están enterados que cuando se persigue, se sufre, pero ya han aceptado que soñar es hacer sacrificios y dejar las cosas que nos tienen hatados con el mundo que nos rodea. Una persona vive de quejas… Un guerrero lucha en silencio. Sufre, pero eso lo hace crecer como persona.

Un guerrero de la luz muchas veces piensa ”No puedo”, pero no deja que esta voz maligna se apodere de él. El guerrero más bien, obedece al ángel, que dice ”Inténtalo hasta que ya hallas agotado tus fuerzas”.

El guerrero se entrega al Creador, para que este consagre su espada. La espada tiene una palabra grabada: fe. Sin esta, todo es imposible.

Luego de la cita con Dios, el guerrero se prepara para emprender un nuevo viaje y el único instrumento que lleva es la espada.

En el viaje se tropieza, se golpea, cae en corrientes de agua, lo pican las abeas y se frustra al ver sus zapatos enlodados.

Pero al mismo tiempo contempla el sonido de las cascabeles, sonríe muchas veces al mirar el sol, conoce a su niño interior, toma desiciones y aprende a estar atento a estos detalles que hacen de la lucha algo innolvidable.

Cuando la montaña se acaba, hay una puerta que nos puede llevar a 2 destinos: Al de la experiencia o al de la Luz. La experiencia es cuando lo dimos todo por nuestro sueño y sabemos que aunque no se cumplió, valió la pena porque nos enseñó a crecer y a creer en nosotros mismos. Y la luz es cuando ese sueño está ahí, latente listo para tomarlo en nuestras manos. Es ahí, cuando el sueño se acaba y vuelve a nacer otro.

-Valeria Cobos