Martes primero de abril del 2014

Después de escuchar toda mi vida etiquetas he creado una propia. La gente me llama bisexual, lesbiana, desorientada, curiosa, shown up, etc… Y yo, he decidido crear un término que defina mi orientación: Lumiosexual.

”Lumos” viniendo del latín luz. Finalmente he dejado de pretender pertenecer a un grupo minoritario de personas y he establecido mi propia definición del amor efímero. No estoy atraída sexualmente a las personas, no me interesa en lo más mínimo ver a una mujer en bikini o un hombre enseñando sus abdominales, lo que me motiva a mi son las acciones fuera de lugar. Una persona que cante ”La vie en Rose” en los pasillos de la estación de tren, una niña soplando una flor enmedio del parque, un maestro de Matemáticas leyendo un libro de Jane Austen. La edad no importa, siempre hay algo que me encanta de las personas, cada una tiene su guerra interna y sus propias manías. A mi por ejemplo me encanta sentir la textura de los borradores, sentir el jugo de naranja atravesar mi garganta, imitar acentos extranjeros y escribir acostada en mi cama. En esos momentos es cuando se reluce mi luz, cuando sigo la voz de mi niño interno en vez de la voz externa que me dice que corra sin mirar a mis lados. Sin embargo no todos pueden estar conmigo, se necesita de alguien muy paciente para aguantar mis ausencias y mis excesos de cariño. Llevo ocho meses en Londres y he intentado compartir mi tiempo con tres personas: dos hombres y una mujer. El primer hombre se llama Giorgio, lo conocí en un bar latino cuando fui con mi prima a bailar, es mitad griego mitad chipriano. Estaba un poco borracho, pero luego se calmó su estupidez y comenzó a seguirme a donde sea que fuese. Al final de la noche quiso besarme, lo tomé de la mano y le dije: ”No hoy”. Una muchacha se nos acercó y nos dijo que eramos la pareja más linda que había visto, lo cual sinceramente me pareció adorable. El siguiente día su amigo nos invitó a mi prima y a mi a su casa, y él estaba ahí… Rayos, le tenía que dar un beso. Desgraciadamente llevaba seis meses de no sentir esa euforia, por lo cual el beso terminó hasta las cuatro de la mañana. Giorgio me hizo vivir una de las noches más lindas de mi vida sin ponerme una mano encima y yo como siempre me ilusioné con noches del futuro. Dos semanas después me confesó que le tenía miedo a las alturas, y que yo lo sostenía demasiado alto. Tuve que decirle adiós, la persona con la que quería estar tenía que tener sus propias alas, sin depender ni un segundo de las mías.

Luego en un día de invierno llegó a la puerta de mi casa Ambruni, una hindú con sonrisa menguante y con rizos hasta abajo de los hombros. Estuvimos cinco horas lanzándonos palabras por los ojos, hasta que decidí romper el hielo e invitarla a probar un poco de ron. Tres horas después estabamos borrachas en mi casa del árbol con shots de tequila y camarón hablando de musas y de fotografía. En los meses que estuvimos juntas me di cuenta de lo catastrófico que es juntar a dos artístas en una relación ”amorosa”. Nos descosturamos la una a la otra, hasta que fueron demasiadas agujas y el hilo se perdió. Ambruni fue mi inspiración por un periodo de tiempo, la convertí en la sirena de uno de mis libros y le cambié el nombre a Paulette. A veces extraño nuestras discusiones políticas en los cafés, o nuestros largos  y húmedos adiós en la estación de tren. El cuerpo de Ambruni me dió el valor para ser invencible de nuevo. 

Durante todo ese tiempo algo conspicuo se estaba formando. Mientras yo lloraba por la gente que no tenía, alguien se acercaba cada vez más. Entré a Taekwondo de Londres hace 6 meses, y el profesor me mostró un cariño paternal desde el primer momento en que me vió. Todos en mi clase son hombres y niños musulmanes, por lo cual tuve que ser paciente para que entendieran que una mujer también era totalmente capaz de pelear. Sir. Bahram me enseño bastante sobre su cultura y religión, aprendí que Afghanistan tiene más fiestas que bombas, y más comida rica que prejuicios. Tiene seis hijos, cuatro de él y dos de su hermano. Sus dos sobrinos se llaman Dilawar y Esmat. Esmat es un año menor que yo y desde que me vió no fue capaz de dejar de molestarme: desde el primer día ha buscado la manera en la cual llamar mi atención tanto negativa como positivamente. Me jala el pelo, me patea cuando no pongo atención, me toma de los cachetes, me empuja, me sonríe, me saca la lengua y lo peor… Se pone a jugar con niños enfrente mío, lo cuál desde el principio me volvió loca de amor. Un día, después de cinco meses de ocultarlo me enojé en clase y él se sentó conmigo preocupado. ”What do you want?” ”Nothing, I’m just really furious but you’re the wrong person to ask why.” ”ummmmh… Why?” ”I’m not going to tell you, you’re not going to talk to me again” Se me llenaron las lágrimas de frustración. ”Tell me, If you don’t tell me I’m gonna tickle you until you die” ”Go away, I’m not in your stupid mood” Me mira a los ojos por primera vez y me dice ”Seeing you crying is completely harmful for me so tell me” ……….. ”Is just… you know… I mentioned to you that I like a boy in the team… Well… that boy is you…” ”……” ”I’m sorry, I feel so stupid for telling you that, I should go” No me había terminado de levantar y me jaló la mano. ”You know what? Yes you are stupid, you are reaaally stupid, how comes you took five months to tell me this? You know what Valeria? I fucking love you girl. But I see you all the time smiling and doing good stuff for people and I feel that I’m an insect compared to you” ”Yes, you are ugly like a cockroach” ”Well… you are beautiful like a daisy, and clean your tears please, because I love you, and if you’re in my life I’m not planing to leave”.

Un día después de la clase lo esperé y el profesor me vió. Se enfureció y nos dijo que nos despidieramos porque nunca más debíamos de volver a hablar el uno con el otro.

1.Porque yo no era musulmana 2.Porque yo soy mayor. 3. Porque no sé lo que quiero.

Como podrán imaginar nos entró por un oído y nos salió por el otro. Decidimos que teníamos que vernos la cara cinco veces a la semana en la clase y pretender eramos enemigos, lo cual por supuesto no funcionó. Nos damos besos antes de que los otros lleguen, nos escapamos al parque a comer chocolate, nos prestamos el sueter cuando hace frío, caminamos agarrados de la mano, nos encontramos cuando uno de los dos está pasando por una crisis, etc. Es bien difícil esconder todo esto, pero al mismo tiempo es una de las cosas más emocionantes que me ha pasado en la vida. Correr de sus labios hasta la puerta en un tercio de segundo para abrirle la puerta al maestro y decirle que su sobrino no ha llegado, pasarle chocolates por el suelo como si fueran bolsas de cocaína, y él… él me mira 90% del tiempo, es el peor actor del mundo. Me tira besos, se muerde los labios al verme, me imita la voz, me toma de la mano, me defiende y sobreprotege, me ayuda a aprender las patadas… Y todo esto cuando pasa en la clase cuando el profesor sale del aula o se da la vuelta. Ay Valeria… sos un caos.

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