Nuestra terrible diferencia

Martes doce de junio.

Estamos en la parada de bus. Mis ojos están hinchados. Mirás el horario de venida, faltan 23 minutos. ¿Qué haremos en veintitrés minutos? Puedes seguir con tu libro, si quieres… Yo tengo el mío también. ¿Leemos, nos separamos y desaparecemos como todos los días? Ah no, tú me acercas con la fuerza de tu brazo débil (hace un rato donaste casi un litro y medio de sangre) y sorprendentemente ya no hay espacio entre nosotros. Me miras, sonríes, te acercas y escuchamos el pito de un carro.
-Indios idiotas, siempre arruinando los momentos… De seguro están solteros y envidiosos.
-O tal vez están enamorados, y pitan porque le celebran al amor.
¿Cómo pasó que un protón aterrizó en mi suicidio de la nada? Todo funciona al lado de él, todo lo que sueño se realiza.

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