Pasa que el pasado se me viene encima de nuevo… Sus rizos, sus labios acariciando el laberinto de mi vientre, sus manos tomando las mias, con miedo, sin prisa. Nunca creí que la tristeza y la vida pudieran ser alcanzables en medio de un par de ojos cafés. Sus ojos cafés, y su café de 3 de la tarde. Recuerdos… Bellos, malditos recuerdos. Ojalá hubiera podido contener la libertad de su caminar… Guardarla en el alma de una mariposa y quedarme con sus alas en el centro de mi diario. Pero no se pudo, y voló como vuelas las cosas que se van para siempre. Voló, y olvidé guardar su sonrisa marchita debajo de mi almohada.

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