“Centidos son sinco”

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Cosas que aprendí tras darle unas cuantas vueltas al mundo

Las cosas que aprendemos se vuelven tan continuas que ya no se cuentan con números reales.
Nadie es dueño(a) de mi cuerpo.
Estar entre lo frío y lo caliente es sólo la posición más sencilla, sin embargo no siempre la correcta.
Todos somos un mar de historias.
Los hombres musulmanes no son terroristas por usar armas.
Las mujeres musulmanas no son sumisas por usar turbantes.
Los momentos no se viven nunca de la misma manera.
El “buenos días” es un saludo que todos se merecen.
La mente es expansible e infinita.
Una relación si funciona a distancia.
Las palabras nunca deben de dejar de escribirse.
La cocina es un arte romántico.
Dos personas pueden unirse por medio de la melodía de cinco cuerdas y un cuaderno vacío.
Los amigos no duran para siempre.
Ser parte de un cuerpo diplomático significa fingir la mayor parte del tiempo.
A escondidas las locuras son más excitantes.
Las lágrimas purifican las ventanas de lo oscuro.
Las teclas de un piano pueden destruirte así como pueden destrozarte.
La palabra “límite” tiene un significado infinito.
Cuando el dueño le abre la jaula al pajarito el pajarito decide que no se quiere marchar: no está listo.
Nadie merece ser maltratado.
Nunca es bueno cerrarse a las posibilidades.
Crecer es creer.
Crecer no es apagarse.

El asfalto cronólogico

Ocho horas dentro de un aula no es mi actividad favorita de la vida semi permanente que llevo. No es la mañana, cuando me levanto como zombie a darme un baño que quite los residuos de música que llevo entre los dedos. No es la trayectoria muda desde el edificio que dice ser mi casa hasta la Universidad en el carro naranja con mi madre. Tampoco es mi larga espera entre el silencio de un aula vacia y el silencio de treinta y seis compañeros leyendo en voz alta de manera mecánica. Tampoco es la hora de almuerzo, en la que chupo un par de naranjas mientras camino sin mirar a los ojos a nadie. Mi día comienza cuando salgo de esa aula, y me estás esperando con esa sonrisa de tarde de mayo. Sos el equilibrio que camina al lado mío. Yo soy la templanza que acompaña tu mecha corta. Hay un momento específico en el día, en el que caminamos de la mano y nos sentimos dueñas de todo: dueñas de los ruidos, del cielo contaminado, de las bestias invisibles, y del silencio que enterramos con los pies. De la Escuela de Teatro a la Universidad son siete minutos caminando rápido bajo el sol, de la Escuela de Teatro hacia el punto de taxis que queda frente a la Universidad son aproximadamente veinte minutos entre risas, conversaciones largas y empujones. Cada día de nuestra historia estos veinte minutos van aumentando, creo que porque cada día nos damos cuenta de que no queremos que terminen y mas nos cuesta dejarnos ir. Tal vez llegue un día en el que el concreto nos atrape y nos deje encerradas juntas para contemplar el siguiente amanecer.