A los jóvenes también nos gusta contar cuentos, nos gusta que nos acaricien el pelo, nos gusta soñar e imaginarnos a la gente que nos cae mal con vestidos absurdos. Somos humanos, no máquinas de lujuria.

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Ciudad Juárez se quedó sin manos

Ciudad Juárez es una madre

Con dalias en lugar de pechos

Colibríes crucificados

En cada uno de sus pétalos

Ciudad Juárez es una mandre

Muy parecida a ésta ciudad

¿Cómo le explico que tenemos hambre?

Que las balas no son de leche

Ni los sueños de pan

Si mis dedos no cortan estrellas

¿Cómo cortar los clavos

Que les impiden soñar?

Valeria Cobos