La Coca-Cola y sus malas decisiones

Un día la botella de Coca-Cola de tres litros sufrió una serie de pensamientos suicidas al verse en el espejo y encontrar una botella mucho más gruesa y arrugada que hace veinte años.

Tras reflexionar acerca de posibles soluciones sobre el adelgazamiento de su silueta surgieron en su mente varias ideas, la primera sería intercambiar líquido con un jugo de naranja, la segunda dejar que toda la espuma se saliera por la tapa y la tercera y última sería rodar seis horas seguidas hasta que se sintiera mareada y vomitase.

Le preguntó a su amiga SULA si podían intercambiar líquidos, pero como su botella era transparente y él estaba tan orgulloso de su color no soportó ni tres segundos con ese nuevo color amarillento. Como segunda instancia se quitó la tapa y dejó que todo el aire saliera, pero luego de unos minutos no pudo contener la respiración y tuvo que enroscarse de nuevo la tapa. Por último, ya decepcionada totalmente por sus intentos fallidos se fue a la punta de una montaña y recostándose en ella comenzó a rodar hacia abajo. Luego de seis horas e innumerables sensaciones desagradables en el cuerpo la botella dejó de rodar,  y con mucho esfuerzo se levantó para vomitar; como no pudo y toda su botella dolía comenzó a frotar su panza. Al brotar su panza adolorido salió Santa Claus por la tapa y con una voz picaresca le ofreció:

-Buen día botella, vengo acá a ofrecerte un deseo, pero escógelo bien… Sólo será uno.

-Buen día Santa, pensé que sólo aparecías en la Edición Limitada. ¿Por qué debería yo de pedirte un deseo?

-No lo sé, quizá porque he estado oyéndote quejar sobre tu fisionomía.

-Supongo que tienes razón, mmmm, me gustaría convertirme en algo más natural, más ecológico, más liviano, pero sin perder mi color.

-Concebido.

Y Santa lo convirtió en la hoja seca más inmóvil del otoño, y el viento se la llevó y se la comió una nube.

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Si te vas a enamorar de un artista…

Si te vas a enamorar de un artista es porque estás dispuesto a los extremos, estás dispuesto a que un día pinten tus labios en un lienzo como que fueran lo más delicioso del mundo y el siguiente día te comparen en uno de sus poemas con un racimo de plátanos podridos. Si te vas a enamorar de un artista es porque sabés que él o ella no van a ver el mundo de una manera cómoda, porque las injusticias les irritan y este mucho está repleto de ellas. Si te vas a enamorar de un artista es porque va a saber cuando estés triste, cuando le estés mintiendo o cuando querás irte a la mierda (el artista es un experto en reconocer emociones humanas). Un artista no te va a amar nunca de la manera que estás esperando ser amado, un artista te va amar a su manera, fuertísimamente y sin excusas. Un artista va a saber lo que conlleva mirarte a los ojos y decirte tus verdades. Un artista va a herirte con esas verdades y no va a arrepentirse de hacerlo. Un artista te va a ver como que sos lo más valioso y lo más dañino de una manera casi equilibrada. Te va a abrazar y cuando te abrace vas a entender cómo la verdadera calidez humana puede reconstruirte de nuevo. Al fin y al cabo los artistas son eso: carne, hueso y resistol.

El arte y sus respuestas

Yo no hago arte para sobresalir. Yo hago arte para respirar, porque necesito agua y vivo debajo de una sombrilla. Hago arte porque me gusta embriagarme, me gusta perder la noción del tiempo, del espacio, de la ira. Me gusta imaginar caras desnudas y masturbarme con las hojas secas que olvidaron los niños al pasar. Yo no hago arte para sobresalir, hago arte porque me estorba el artista que trata solamente de dar pasos bípedos sobre la arena, de comprar libros de poesía sin dejar que ellos lo encuentren, de pisar las cucarachas sin pensar en las acotaciones de Strindberg, de ir a espectáculos de Ballet y no sentir que todo lo interno se desangra y se convierte en un riachuelo.

 

De la dificultad que conlleva ser un soñador

Nos han construido muros blancos en la universidad, nos han metido en cuartos cuadrados, en camas cuadradas, con almohadas cuadradas. 

Nos han hecho creer que somos los peores hijos porque no sacamos notas de 90, porque no nos basta con lo que nos dicen en la Iglesia. 

A los seis años quieren que nos sepamos las tablas de multiplicar cuando antes no nos han leído El Principito. 

Nos dicen que estamos locos por ver el cielo, nos dicen que si jugamos en la tierra nos embarraremos de lodo y se nos arruinará la ropa. 

Nos enseñan que el mar es peligroso, que no podemos conocerlo sin la compañía de un adulto.

Nos pegan cuando le contestamos a un adulto, nos enseñan que somos simples peones de guerra que nacieron para pelear por las batallas de un superior. 

Nos borran el grafito cuando hacemos la p como q, nos enseñan que los niños juegan sus juegos azules fuertes y las niñas sus juegos rosa-frágiles. 

Yo no quiero esta vida. Yo lo abandono todo.