Pasado, futuro y presente.

Oigo. Oigo pájaros nadando por las ramas del árbol de al lado. Sus soniditos dulces sin lógica se meten por debajo de mi sábana. Me rodean el cuerpo. Me ponen tibia. Hace un par de años no visualizaba las aves como criaturas no pensantes, si no como una variación biológica  de instrumentos musicales. No pensaba en su falta de razón si no en su exceso de sinfonía. El dolor en su canto se metía de niña por mis trenzas hasta que a mi también me dolía. Recuerdo perseguirlos y encerrarlos en una jaula para hallar la parte de sus cuerpecitos de la cual provenía el sonido. Quería construir una cajita que al ser tocada emitiera el sonido más hermoso del mundo. De grande soñaba con ser una coleccionista de pajaritos musicales.
Oigo. Oigo pájaros nadando por las ramas del árbol de al lado. Sus soniditos dulces sin lógica se meten por debajo de mi sábana. Me rodean el cuerpo. Me ponen tibia. Bostezo. Tomo la programación del evento de hoy de la mesa de noche. Leo mi nombre debajo del título DIRECTOR DE ORQUESTA.

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