La primera vez

La primera vez que me tomaste la mano pusiste mis dedos sobre tu corazón. De niña pensaba que sólo los zurdos tenían el corazón del lado izquierdo, los derechos (o sea todos nosotros) nos teníamos que conformar con un corazón burdo incrustado en nuestro pulmón derecho. Luego me contaste que de niño un día encontraste una flor blanca al fondo de un precipicio y que estaba tan lejos que te pusiste triste. Mamá te tomó entre brazos y te dijo que cuando las flores se arrancan pierden todos sus colores, que era mejor dejarla ahí para que el sol le lamiera los pétalos con su miel de medio día. Lloraste tanto por la flor que sentiste que por primera vez el corazón se te rompía, y pusiste tu mano en el pecho para que si salía volando algún pedazo pudieras pegarlo con alguno de los ungüentos mágicos que preparaba tu abuela. Pero no se rompió, y pensaste que el corazón nunca se te iba a mover de lugar. Por eso fue extraño ¿no? ver que cuando me reía por primera vez frente a vos te tocaras el corazón asustado pensando que si seguía latiendo tan rápido se te iba a salir, -y esta vez no sólo un pedacito- si no completo.

-Valeria Cobos

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Foto por: Fernando Amaya

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